Acogida y Encuentro

Oración 

Encuentro

intimidad

 

“Si conocieras el don de Dios”  (Jn 4, 10)

 

(CIC nº 2560)

“La maravilla de la oración se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro entre la sed de Dios y la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él” (San Agustín quaest 64,4)     

 

(CIC nº 2561) “Tú le habrías rogado a él, y él te habría dado agua viva” 

Nuestra oración de petición es paradójicamente una respuesta. Respuesta a la queja del Dios vivo: A mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas (Jr 2, 13), respuesta de fe  a la promesa gratuita de salvación (Jn 7, 37-39; Is 12,3; 51,1), respuesta de amor a la sed del Hijo Único (Jn 19, 28; Za 12,10; 13,1)

 

 

Jesús acogía y mimaba a tullidos, ciegos, sordomudos, ... los prefería y cuidaba. Hoy, la misericordia de Dios se desliza por manos de cristianos hacia todos los hombres de una tierra muy necesitada de la presencia humano-divina del resucitado.