CUARESMA TIEMPO DE VIDA

La Cuaresma es presentada normalmente como un tiempo triste. Y es una pena. Es el tiempo de recuperar la verdadera libertad (y eso siempre es bueno y “alegre”). Encima, el texto del evangelio que se proclama el miércoles de ceniza, primer día de la cuaresma, es este:

“Cuando ayunéis nos os pongáis mustios...

perfumaos, poneos guapos... que no se note”   (Mt 6, 16-18)

No hay que confundir “tiempo importante y serio” con “triste”. Cuaresma hace referencia también a “40 días”. Cuarenta días para celebrar la Pascua que es la fiesta central de los cristianos. Cuaresma es, pues, el tiempo de preparación para la Pascua del Señor. Y que conste que Dios no necesita “nuestra preparación”, ni nuestros ayunos, ni nuestras limosnas, ni nuestras oraciones. Somos nosotros los que podemos necesitar de esos “movimiento de corazón”.

No nos preparamos para “aplacar” a Dios. Nos preparamos para cambiar nosotros y para que nuestro cambio llegue también al vecino. Es decir, para poner un poco más de PAZ y de BONDAD en el mundo. Eso es lo que le gusta a Dios: el cambio. El preocuparse de lo que está mal en nosotros sin dejarnos llenar de las bendiciones y deseos de Dios es algo muy pobre.

Tradicionalmente la preparación a la cuaresma ha consistido y consiste en ayuno, abstinencia, oración y limosna. Será bueno releer lo que estas palabras tienen de contenido espiritual para seguir creciendo en los deseos de “las cosas de Dios”.

·         AYUNO. Algo que me tiene que recordar que me tengo que alimentar también “de Dios” y ser capaz de alimentar a los hermanos; ser capaz de compartir con los demás. El ayunar de egoísmos y hacer crecer la solidaridad hacia el exterior, nos pone en la sintonía del Juicio de Mateo veinticinco. Ayuno y limosna son hermanos gemelos de la espiritualidad cristiana.

·         ABSTINENCIA. Abstenerse es recordarse a uno mismo que no podemos vivir queriendo todo, probando de todo, satisfaciendo todo. Hay algo más importante que quererlo todo y vivir de puro capricho o de antojos: el ser y el ayudar al otro a ser.

El ayuno y la abstinencia tienen como meta una reconversión personal al evangelio y a los otros. Lo que nos quitamos en tener, lo ganamos en ser y en entrega a los demás. Esto es conversión y evangelio.

·         ORACIÓN. Es charlar más con Dios, intimar, callar en su presencia para que ÉL hable. Darle más tiempo en medio de nuestras ocupadas y preocupadas jornadas. Hay que buscarle ratos, momentos de oración. No se puede ser cristiano sin oración, igual que no se puede ser esposo o esposa sin comunicarse.

·         LIMOSNA. Es una de las prácticas cuaresmales más antiguas. Tiene sentido si nace del corazón, si es signo de conversión interior. Es limosna dar de lo que tenemos, decidirnos a tener menos para que el otro tenga lo necesario. Es limosna el compartir y el exigir justicia a nuestro alrededor, es limosna abrir los ojos y ver a los necesitados, es limosna dar nuestro tiempo a los que en silencio lo reclaman, es limosna estar atento al otro