Cuando habla el santo cura de Ars.

Juan María Vianney

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"El hombre es terrestre y animal; sólo el Espíritu Santo puede elevar su alma y llevarla hacia lo alto. ¿Por qué los santos estaban tan despegados de la tierra? Porque se dejaban conducir por el Espíritu Santo.

Los que son conducidos por el Espíritu Santo tienen ideas justas. Por eso hay tantos ignorantes que saben más que los sabios. Cuando se es conducido por un Dios de fuerza y de luz, no hay equivocación.

Como las lentes que aumentan los objetos, el Espíritu Santo nos hace ver el bien y el mal en grande. Con el Espíritu Santo todo se ve en grande: se ve la grandeza de las menores acciones hechas por Dios y la grandeza de las de las menores faltas. Como un relojero con sus lentes distingue los más pequeños engranajes de un reloj, con las luces del Espíritu Santo distinguimos todos los detalles de nuestra pobre vida"

 

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"Hay que actuar por Dios, poner nuestras obras en sus manos. Hay que decir despertándose: QUIERO TRABAJAR POR TI, DIOS MÍO ¡ME SOMETERÉ A TODO LO QUE ENVÍES! me ofreceré en sacrificio. Pero Señor, no puedo hacer nada sin ti, ¡Ayúdame!"

 

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"El corazón se dilata, se baña en amor divino. El pez no se queja nunca de tener mucha agua: el buen cristiano no se queja nunca por estar mucho tiempo con Dios. Hay quienes encuentran la religión aburrida, es porque no tienen al Espíritu Santo"

 

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"Dios actúa en nuestras almas según el grado de nuestros deseos. Un vaso recibe agua de una fuente según su capacidad"

 

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"Los santos son como multitud de pequeños espejos en los que Jesucristo se contempla.  .../... Para ser santo hay que estar loco. haber perdido la cabeza. Por allí por donde pasan los santos, Dios pasa con ellos. A los amigos del buen Dios se les conoce a la legua"

 

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"Había aquí, en la parroquia -contaba muchas veces el cura- un hombre que murió hace algunos años. Habiendo entrado por la mañana en la iglesia para rezas sus oraciones., antes de irse al campo, dejó sus alforjas en la puerta y se olvidó de sí delante de Dios. Un vecino que trabajaba en mismo paraje y solía verle, se extrañó de su ausencia. Se volvió y se le ocurrió entrar en la iglesia, pensando que quizá estaría allí.  Le encontró allí, en efecto, y le dijo: --¿Qué haces aquí tanto tiempo?. El otro le respondió: --Yo miro a Dios y Dios me mira a mí.

Repetía este hecho con frecuencia, a veces visiblemente emocionado, mientras añadía: Él miraba a DIos y Dios le miraba a él. ¡En eso consiste todo, hijos míos!"

 

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"El Buen Dios, enviándonos el Espíritu Santo, ha hecho como un gran rey que encarga a su ministro que vaya con uno de sus súbditos, diciéndole:

- acompaña a este hombre a todas partes, y me lo traes sano y salvo.

¡Qué bello es ser acompañado por el Espíritu Santo! Es un buen guía. ¡y ... que haya quienes no quieren seguirle!

 

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Estaba completamente convencido de que una persona es feliz cuando vive con Dios; y que es infeliz sólo cuando esa persona libremente se ha separado de Dios: porque no conoce lo que Dios dice, porque ha dejado de escucharle y hacerle caso.

"Hijos míos; ¿por qué somos tan ciegos y tan ignorantes? ¡Porque no hacemos caso de la palabra de Dios!"

"Con una persona formada hay siempre recursos. Una persona que no está formada en su religión es como un enfermo agónico; no conoce ni la grandeza del pecado, ni la belleza de su alma, ni el precio de la virtud; se arrastra de pecado en pecado"

 

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 "cuando se reza, hay que abrir el corazón a Dios, como el pez que estando en tierra seca ve llegar una ola"