El que ora se prohibe...

"El que ora se prohíbe a sí mismo decidir por sí solo, y de liberarse a sí mismo. Se abre a la acción de Dios y consiente en la relación interpersonal de Dios, que no sin una lucha dolorosa, realiza en él una transformación. El objeto de la oración resulta entonces secundario. Lo que importa ante todo es la relación con Dios"

Albert Vanhoye