CUARESMA 08

Extracto comunicado Pedro Lahora,csv Sup Prov cdd viatoriana Fb/08.

EL SEGUIMIENTO DE JESÚS, CAMINO DE LA CRUZ.

Decía Benedicto XVI en su alocución de comienzo de la Cuaresma del pasado año, titulada «La Cuaresma, 40 días de conversión al amor de Cristo», que para entrar en este misterio de amor no hay otro camino que el de perdernos, entregarnos, o sea, el camino de la Cruz. «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mc 8,34). Ciertamente quien no carga con su cruz y no va detrás de Jesucristo, no puede ser su discípulo (Cf. Lc 14,27).

A veces identificamos «cargar con la cruz» con cargar con las propias limitaciones, o tener paciencia y resignación ante los sufrimientos que nos depara la vida. Esto no es lo que tratan de presentar los evangelios. Los evangelios nos presentan la vida de Jesús como un camino hacia la cruz. La cruz de Jesucristo no consistió precisamente en la paciencia o resignación ante los sufrimientos que experimentó, ni fue a la cruz porque él quisiera mortificarse, sino porque, a consecuencia de su predicación y de su actuación, experimentó el rechazo y la condena de las autoridades civiles y religiosas de su tiempo.

Dice José Mª Castillo que «cargar con la cruz» es vivir la libertad que vivió Jesús frente al «orden establecido» y frente a los poderes de este mundo, y estar dispuesto a que eso nos lleve hasta la muerte.

A veces nosotros buscamos —más o menos conscientemente— pequeñas parcelas de poder, estimulantes éxitos en nuestros trabajos, unas confortantes dosis de prestigio, el aplauso del respetable y una moderada vanagloria. Tenemos que reconocer humildemente que estas necesidades anidan en nuestro «ego».

El ejemplo de Jesús y la condición que pone a sus seguidores es categórica: negarse a sí mismo. Vamos, que esta actitud parece retrógrada, además de masoquista, en estos tiempos en que proliferan los manuales de autoestima. Y, sin embargo, es condición para el seguimiento porque  —no lo podemos negar— ese fue el ejemplo de Jesús.

Negarse a sí mismo es sinónimo de descentramiento: El cristiano, como Jesús, no pone su centro en sí mismo, no es egocéntrico. Centra su vida en torno a la voluntad de Dios, que no es otra que la realización de su Reinado.

Negarse a sí mismo es renunciar a toda seguridad personal para seguir a Jesucristo por el camino del compromiso con los desfavorecidos del mundo, con los marginados, con los excluidos, con los empobrecidos.

Negarse a sí mismo es renunciar a todo poder, a cualquier forma de prestigio, para emprender el camino de la debilidad, solidarios con los más desgraciados de la tierra.

Negarse a sí mismo es renunciar a la propia vida para ponerla al servicio de los demás, para que tengan vida, sobre todo para que la tengan aquellos cuya vida está amenazada por la injusticia, por las profundas desigualdades que nosotros mismos producimos.

Negarse a sí mismo es emprender el camino del amor, amor incondicional, entregado, el camino de la cruz, el camino que siguió Cristo. Alguien dijo que si la cruz es la consecuencia de la vida de Jesús, la cruz, o el sufrimiento por causa del Reinado de Dios, es el control de calidad del seguimiento. Buen tiempo, este de la Cuaresma, para hacer un chequeo a nuestro seguimiento, una auditoría, a ver si pasamos el control de calidad.

Pedro Lahora, csv