Texto del mes

Texto de Mayo de 2010

Catecismo de la Iglesia Católica § 306-308

«Que tome su cruz y que me siga»

Dios es el Señor soberano de su designio. Pero para su realización se sirve también del concurso de las criaturas. Esto no es un signo de debilidad, sino de la grandeza y la bondad de Dios Todopoderoso. Porque Dios no da solamente a sus criaturas la existencia, les da también la dignidad de actuar por sí mismas... y de cooperar así a la realización de su designio.

Dios concede a los hombres incluso poder participar libremente en su providencia  confiándoles la responsabilidad de «someter la tierra y dominarla» (Gn 1, 26-28). Dios da así a los hombres el ser causas inteligentes y libres para completar la obra de la Creación, para perfeccionar su armonía para su bien y el de sus prójimos. Los hombres, cooperadores a menudo inconscientes de la voluntad divina, pueden entrar libremente en el plan divino no sólo por sus acciones y oraciones, sino también por sus sufrimientos. Entonces llegan a ser plenamente «colaboradores de Dios» (1C 3,9 ; 1Te 3,2) y de su Reino.

Es una verdad inseparable de la fe en Dios Creador: Dios actúa en las obras de sus criaturas. Es la causa primera que opera en y por las causas segundas: «Dios es quien obra en vosotros  el querer y el obrar, como bien le parece (Flp 2,13).